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Entre
los pulmones y la pared torácica existe un espacio virtual
llamado pleura o espacio pleural, normalmente se encuentra vacío
y no existe, en condiciones normales posee una cantidad mínima
de líquido para facilitar el movimiento de los pulmones durante
la respiración. La capa fina que cubre la cavidad torácica
por dentro se conoce como pleura parietal y la membrana fina que
recubre íntimamente a los pulmones en su totalidad se denomina
pleura visceral. Entre ambas pleuras se desarrolla el llamado espacio
pleural. Cuando por algún motivo como inflamación
de las pleuras debido a infecciones, trauma o tumores, ambas membranas
se pueden inflamar alcanzando un grosor muy significativo que se
conoce con el nombre de paquipleuritis, que significa engrosamiento
fibroso de la membrana pleural.
Existen otras condiciones donde se colecciona líquido por
alguna razón, cuando el líquido es claro se llama
derrame pleural. Si las características del líquido
cambian, de acuerdo a la circunstancia que lo produzca, puede adoptar
diferentes nombres, cuando es sangre se denomina hemotórax,
si se trata de pus se denomina empiema y cuando el contenido líquido
se ha absorbido y sólo quedan natas de fibrina que se condensan
y se transforman en una especie d cicatriz dura y engrosada se denomina
fibrotórax. Existen diferentes tipos de colecciones pleurales
como ya se ha comentado, el manejo de las colecciones normalmente
es de inicio conservador mediante un drenaje adecuado realizando
la aplicación de un tubo dentro del tórax que se llama
sonda pleural, si el drenaje es suficiente habitualmente se considera
solucionado el problema, pero en ocasiones, no lo es, condicionando
a colecciones residuales de difícil manejo, es cuando se
hace necesaria la consulta quirúrgica para valorar el mejor
método de drenaje. Existen condiciones donde las colecciones
pleurales se tornan espesas y condensadas como el caso de la sangre
y líquido espeso lleno de proteínas, en estas condiciones
muchas veces la sólo colocación de sonda pleural no
es suficiente, obligando a tomar medidas más drásticas.
Existe una opción llamada toracoscopía, que es el
procedimiento idóneo para resolver estos problemas, consiste
en la realización de dos orificios en la cara externa del
tórax, donde se introduce un telescopio adaptado a una lente
que permite visualizar el estado de la cavidad pleural. Otro orificio
es utilizado para introducir una pinza fuerte y poder decorticar
(“pelar” o remover corteza) la pleura visceral y parietal,
que para este tiempo se han convertido en verdaderas “cáscaras”
que cubren y atrapan al pulmón impidiendo su adecuada expansión.
El procedimiento es sencillo pero laborioso debido a que en cada
decorticada se puede extraer un segmento pequeño de pleura
engrosada, lo cual toma un tiempo considerable, sin embargo, al
finalizar el paciente tiene sólo dos pequeños orificios
sin heridas grandes o complicadas. La toracoscopía en la
cirugía pleural y en específico la decorticación,
es el procedimiento que más beneficios ofrece a los pacientes,
siendo de mínima invasión y con el mínimo trauma.
La condición es que la colección no se encuentre tan
densa o tan fibrosa que impida realizar el procedimiento con una
pinza simple. Habitualmente tomamos hasta tres semanas de evolución
desde que se formó la colección para poder ofrecer
este procedimiento, cuando por algún motivo ha rebasado este
tiempo, queda únicamente la opción de toracotomía
formal para poder solucionar satisfactoriamente el problema. Siendo
la toracotomía amplia y cruenta para poder resecar una pleura
engrosada a veces de hasta más de 3 cm, con las consecuencias
de sangrado y riesgo de dolor postoperatorio importante, sin embargo,
con la experiencia hemos podido mejorar la técnica y podemos
ofrecer buenos resultados aún con la toracotomía para
solucionar estas condiciones. Existen excepciones en el tratamiento
quirúrgico, especialmente cuando se trata de una colección
demasiado añeja, en donde las secuelas de dolor y poca expansión
del pulmón rebasan los beneficios que puede ofrecer la técnica,
por lo cual se debe de considerar seriamente antes de ofrecer el
tratamiento quirúrgico. Otra circunstancia especial es la
presencia de empiema (pus en el tórax), esta condición
normalmente y de primera intención se maneja con antibióticos
y la colocación de una o hasta dos sondas pleurales, cuando
el paciente es anciano, tiene enfermedades crónicas agregadas
como diabetes, insuficiencia renal o problemas hepáticos,
se torna en un problema grave.

La infección de la pleura puede condicionar una infección
sistémica que repercute gravemente sobre el sistema circulatorio,
condicionando estado de choque (hipoperfusión), alteraciones
de la conciencia y hasta la muerte si no son atendidos a tiempo,
es donde la cirugía tiene un lugar importante mediante el
drenaje y decorticación pleural, solucionando el estado infeccioso
y liberando al pulmón del atrapamiento que condiciona la
paquipleuritis evitando la mecánica ventilatoria normal.
Consideramos que cada caso debe de ser valorado en particular,
principalmente las condiciones del paciente son mandatorias para
tomar decisiones tan graves como la cirugía en pacientes
críticos. Sin embargo, en nuestra experiencia la pronta valoración
quirúrgica de pacientes graves nos ha ayudado a salir adelante
con casos prácticamente perdidos, algunos no lo fueron y
fallecieron, pero un porcentaje significativo ha podido salir adelante
no obstante la gravedad del caso, en especial los diabéticos
con empiema.
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